
Creció la venta de
materiales de la construcción. Foto: Granma
Las ventas de materiales de la construcción al cierre del
cuatrimestre alcanzaron valores muy superiores a los de 2011: de 59
millones de pesos el año pasado, hasta 500 millones el 30 de abril de
este año, según apunta el diario
Granma.
Además del incremento de los volúmenes a comercializar en el 2012,
esto responde a la organización e integración logradas tanto con los
proveedores como con las instituciones de Gobierno, explicó Odalys
Escandell, viceministra primera de Comercio Interior.
No obstante haber superado muchas de las dificultades que
caracterizaron el inicio de este programa, las ventas no rebasaron el 75
% de los valores planificados para estos primeros cuatro meses.
Escandell aclaró que los productos más demandados por la población
continúan siendo los áridos, bloques, barras de acero y cemento (tanto
en bolsa como a granel), los cuales, a pesar de cumplirse los planes de
entrega pactados con la industria, aún no cubren las necesidades
actuales.
Según el diario
Juventud Rebelde, el plan no se ha ejecutado de manera similar en
todas las provincias, ni tampoco han incidido en ello las mismas causas.
Asombra saber, por ejemplo, que mientras Villa Clara tiene un 149 por
ciento de sobrecumplimiento, la capital apenas llega a un 46 por ciento.
¿Cuál es el misterio?
Polvo que se lleva el viento
En busca de algunas respuestas un equipo de
JR recorrió
varias tiendas de ventas de materiales de la construcción en La Habana.
Lo hicimos un martes, «día de la arena». Y en todas el panorama era
similar: personas que llevaban varios días durmiendo para esperar el
camión que transporta este árido, grandes cantidades compradas por los
primeros de la cola, sospechosamente los mismos que marcan una semana sí
y otra también; protestas e incluso faltas de respeto a los
administradores o entre los propios compradores…
Según Abel Milián Capote, administrador de una tienda de ese tipo en
Centro Habana, como la venta es liberada ellos tienen que expender el
producto a quien lo pida y en las cantidades que desee, pues no está
regulada su adquisición. Aun así, y ante la evidente escasez o la
repetición de caras, en coordinación con el jefe del sector de la PNR
(Policía Nacional Revolucionaria) y el delegado del Poder Popular, han
tratado de evitar a los revendedores.
«Pero eso no es fácil, porque esta semana hay una persona en la cola,
la otra ponen a algún familiar, la próxima a un amigo, la sucesiva a un
compinche… la necesidad y los precios que alcanzan “por fuera” los
materiales hacen que sea tremendo negocio desgastarse unos días y
después acapararlos».
Si hacemos algunos cálculos faraónicos habría que darle toda la
razón. Un metro cúbico de arena oficialmente vale en la capital 109
pesos. Convertido en sacos son unos 12. Y de manera ilegal cada saco
-sin estar ni muy lleno- vale unos 60 u 80 pesos.
Así, quien compre apenas un metro cúbico de arena para especular,
restándole el costo oficial, tendrá a su favor unos 600 pesos de
ganancia; y como puede comprar todos los que lleguen semanalmente… y de
todos los materiales…
Tratando de poner un poco de orden en el tema, hace unos meses se
decidió por parte del Gobierno provincial establecer días fijos para las
distribuciones de los materiales de construcción más demandados, como
la arena, polvo de piedra, gravilla e incluso en ocasiones el cemento.
Ahora en los municipios, según corresponda, entra la arena los lunes o
martes; el polvo de piedra los miércoles o jueves; y la gravilla los
viernes o sábado.
Sin embargo, el que necesite los tres elementos deberá tener tiempo
para hacer una cola que posiblemente comience la semana anterior para
comprar finalmente la arena, y después deberá continuar durante varios
días si precisa también polvo de piedra y gravilla.
Esto sucede porque apenas llegan a los municipios cada semana unos 40
metros cúbicos de arena y otro tanto de polvo de piedra, los dos más
demandados, los cuales deben ser distribuidos entre todas las tiendas.
Si hay una, como en Marianao o Plaza, allí va todo. Pero ¿y si hay
dos como en Centro Habana? ¿O cinco centros de expendio como en La Lisa?
¿O cuatro como en Cotorro y Boyeros? ¿O tres como en La Habana del Este
y Playa?
Con razón personas consultadas por este diario se quejaban durante
nuestro recorrido de que en sus municipios la arena y el polvo llegaban
apenas una vez al mes, o como dijera un jocoso cubano: «¡Oiga, compadre,
aquí eso es “lo que el viento se llevó!”».
Para que no se agudice el acaparamiento
El secreto se convierte en tal cuando pertenece solo a una persona,
pues cuando llega a dos se hace murmullo y con tres individuos ya es un
escándalo. Esta máxima popular ha tenido que ser aplicada varias veces
por las autoridades de Comercio en las 11 tiendas de materiales de la
construcción existentes en el territorio espirituano, con la aplicación
del «factor sorpresa» para «huirle» a los revendedores de barras de
acero.
«Esto no ocurriría si existiera abundancia del producto, pues en ese
caso informaríamos hasta por los medios de difusión los días de las
ventas para que todo el mundo acudiera a comprarlo», refiere José
Ramírez Aguiar, subdirector de Comercio en esta provincia.
De no tomarse tales iniciativas y otras como la de limitar la venta a
30 barras por persona, a pesar de que debería ser liberada, se
agudizaría al máximo el acaparamiento y continuaría el negocio ilícito
del nunca acabar.
Como todas las problemáticas no son iguales por provincia, según el
subdirector de Comercio en Sancti Spíritus, en su territorio productos
como el cemento, los áridos y los bloques gozan de una mayor
estabilidad, aunque tampoco están desprovistos de fallos, pero al menos
sí garantizan una mayor confianza a la familia con intenciones de
construir.
«De 345 toneladas de cemento que era el plan para abril, hemos
extraído de la fábrica de Siguaney más de 600 toneladas. Igual ocurre
con los bloques, donde hemos sobrecumplido con un 127 por ciento en el
último trimestre, y con la arena en sus dos variedades por encima del
115 por ciento», plantea.
No obstante, como sucede en gran parte de La Habana y en otras
provincias, allí productos como las bovedillas de poliespuma y los
techos de zinc se encuentran estancados o tienen lento movimiento, por
sus elevados precios, o porque para su uso en techos dependen de las
barras de acero.
A pesar de que el promedio mensual de entrada a territorio
espirituano de barras de acero es de unas 35 toneladas para llegar a las
390 planificadas anualmente, en todos los meses del presente año se ha
sobrecumplido, con cifra máxima de 46 toneladas en febrero -las que
pueden abastecer aproximadamente a unas 170 personas si fueran de 1/2
pulgada, y a unos 200 individuos si fueran de 3/8 pulgadas por la venta
restringida de 30 unidades.
En esta provincia también se repite el panorama de las personas que
realizan guardias de varios días, con certeza de la hora exacta de la
llegada de la rastra cargadora para luego vender el turno, o de las
caras archiconocidas que mercadean el producto, incluso inmediatamente
después de realizada la compra.
Según la investigación realizada por
JR, de manera
ilegal en este territorio se venden las barras de acero, a 15 pesos el
metro de las de 1/2 pulgada y a diez pesos la de 3/8».
Una simple cuenta matemática puede ilustrar que si las barras de
acero de 1/2 pulgada cuestan nueve pesos en los patios, y las de 3/8,
cinco pesos; con 30 barras que obtiene beneficios monetarios sin haber
producido nada.
Ante esta problemática el Subdirector de Comercio espirituano
reflexiona en que «la lógica impone que el oficio del vendedor debe ser
la venta, y no estarle mirando la cara al comprador, más cuando estos
son productos liberados. No obstante, hemos tratado de que cada uno de
nuestros administradores supervise la comercialización de cabillas. Pero
es muy necesario que entren a fondo en este juego los cuerpos de
inspectores, las autoridades y las organizaciones sociales. Porque no
hacemos nada si la población se hace cómplice y no denuncia», sostiene.
La escasez de acero es generalizada en el país. Provincias como
Sancti Spíritus, por ejemplo, reciben cantidades de barras irrisorias
para las necesidades y demandas de la población. Igual sucede en la
capital, donde para este año se pidieron por parte de la Dirección de
Comercio unos 12 000 metros cúbicos y apenas se asignaron 2 000, pues no
hay producción para más.
Así, repartirlo entre todos los puntos es un paliativo para darle un
«buchito» que apenas moja los dedos de unos pocos para intentar saciar
su sed.
Techos sin cabillas y bloques sin cemento
El ambiente en los alrededores del mercado para la venta de
materiales ubicado en las cercanías de la terminal de ferrocarriles en
la ciudad de Holguín luce más bien apacible por estos días.
Según Roberto Parra, un joven veinteañero, quien afirma estar
concluyendo la ampliación de un cuarto y una cocina más en su casa, los
días de mayor ajetreo en el lugar son aquellos cuando traen materiales
de los que más necesita la gente, como bloques, cemento, cabillas o
mosaicos.
«Los que más están al tanto son los que tiene más posibilidades de
comprar, pues si andas despistado, te enteras que ayer vendieron, pero
ya se acabó», afirma el improvisado albañil.
A eso se une otra problemática encontrada también en nuestros
recorridos por otras provincias: la mala calidad de algunos productos, o
lo que es peor, una desigual correlación calidad-precio.
«Actualmente hay muchos estados de opinión sobre la calidad que
tienen esos productos. Si no les gustan, o tienen algún defecto, ahora
sencillamente no se los llevan y podemos quedarnos con ellos sin que
nadie los compre», agrega sobre el tema René Mesa Sánchez, jefe del
referido punto de venta.
«Un ejemplo es la llamada carpintería de aluminio. Son materiales que
si no se transportan o manipulan con cuidado reciben abolladuras y el
cliente los rechaza, aunque sean poco visibles. Este es uno de los
productos considerados como deficitarios en nuestro mercado, pues apenas
llegan se agotan, debido a su alta demanda.
«Otro producto de los que se nos abastece en reducidas cantidades,
incluso por debajo de lo previsto en el plan, son las tejas de
fibrocemento. En abril solamente hemos vendido poco más de 300
unidades», apunta Mesa.
El cumplimiento del plan anual de venta, al cual se refiere el
administrador del mercado, luce visible en una pizarra enganchada sobre
una de las paredes de la pequeña oficina, que sirve al mismo tiempo como
almacén, pantry y único espacio para guarecerse del sol.
La cifra a recaudar por los trabajadores de este establecimiento
asciende a 683 523 pesos. Sobrepasada la primera quincena de abril
apenas se han ingresado 227 000 pesos.
Lo cierto es que tras esos números se esconde un proceso previo de
conciliaciones entre productores y suministradores, supuestamente basado
en las posibilidades técnicas, materiales y humanas para garantizar
tales abastecimientos, que se ha ejecutado a nivel de país, pero
concretado municipio por municipio, en aras de organizar mejor la
producción y venta de materiales de construcción.
Pero no todo es color de rosa en esta supuesta organización. «Al
inicio de esta experiencia íbamos personalmente a los Almacenes
Universales y hacíamos los pedidos según nuestras necesidades. Este es
un procedimiento que ahora corresponde a la unidad empresarial de venta
de materiales a instancia municipal, la cual está al tanto de nuestras
reservas en almacén. Aunque la variedad y cantidad a la venta se ha
diversificado, el talón de Aquiles continúa siendo que la entrada de
recursos no satisface la demanda», reflexiona el jefe del llamado
Mercado del Ferrocarril, en la Ciudad cubana de los Parques.
Otro de los productos tras los cuales anda una parte de la población
son los tanques plásticos para agua, de varios tonelajes. El usuario
Ramiro Reyes cuenta que ya tiene el dinero y le avisaron que se
venderían.
Y es cierto. Según los papeles que constan en el establecimiento
debían «entrarles» 45 unidades, pero aún no ha vendido ni uno. Algo
parecido sucede con un «nivelito» de barniz, azulejos o de lavaderos de
concreto, que debieron arribar.
«Al final voy a tener que “morir” en manos de un vendedor pirata, que
vaya usted a saber de dónde los saca y a cuánto me lo vende», afirmó
con gran disgusto Ramiro.
La punta del iceberg
Lo realmente preocupante es que La Habana, Sancti Spíritus u Holguín
tienen problemáticas similares en la insatisfacción con respecto a los
revendedores, pero en cada caso las causas o más bien los materiales
propensos a la especulación difieren, lo cual sugiere que algo todavía
no está bien engrasado en materia de organización.
Un ejemplo de lo anterior es la ausencia de áridos en La Habana, la
de peor cumplimiento del plan de ventas en lo que va de año, que sin
embargo tiene «mosqueadas» las tejas de asbesto cemento que piden los
holguineros.
Allá faltan, y sin embargo en La Habana, de un plan de 216 000, lo
cual significa vender mensualmente 18 000, apenas se han vendido 700
hasta el cierre de marzo, según datos de la Unión de Empresas de
Comercio de La Habana.
Lamentablemente en un lugar se especula con una cosa, mientras que en
otros la reventa tiene otras aristas, aunque elementos como el acero o
las tazas y lavamanos escaseen por igual.
Los especuladores y revendedores, no obstante, son apenas la punta
del iceberg. Debajo subyacen problemas organizativos, de planificación,
productivos y muchas aristas más que iremos abordando en otros trabajos.
Más allá de que la demanda todavía sigue siendo mayor que la oferta,
es imperativo organizar mejor la venta de materiales para hacerla más
eficiente y accesible a la población.
(Con información de Granma y Juventud Rebelde)